Desde hace mucho tiempo nos han vendido la idea de vivir endeudado y, que la única forma de tener algo es estar empeñado y, en consecuencia, resulta necesario trabajar para cumplir religiosamente con el pago de las cuotas, ya que a juicio de los acreedores y del mercado, no hay nada más importante que mantener la buena vida crediticia.
Aunque estas afirmaciones tienen algo de cierto y no se puede negar que la adquisición de muchos bienes, especialmente la vivienda y el vehículo, solo pueden adquirirse a través de créditos a largo plazo, a menos que se cuente con una ganancia ocasional honrada.
Visto así, el crédito resulta útil, muy útil. Pero tal utilidad no puede convertirse en el abuso desenfrenado del ofrecimiento de préstamos considerando que una persona tiene una buena hoja de crédito. Hay tanta responsabilidad en la persona que toma el préstamo como en quien crea la necesidad y lo ofrece.
Cuando una persona dice que tiene algo y, lo debe, realmente no tiene nada, pues lo que dice tener no es más que la garantía del crédito, por lo tanto, no tiene más que una expectativa y, lo más complicado, es que la garantía en muchas ocasiones termina siendo insuficiente, tanto así que resulta necesario sumar un codeudor u otro bien para satisfacer un eventual incumplimiento.
El tiempo promedio de pago de una obligación por vivienda es de 15 años y, ahora se pueden encontrar modalidades de crédito que suman 20 años. En Colombia una persona, en promedio, comienza a pagar su vivienda a la edad de 25 años, tiempo en el que termina su vida universitaria y consolida su vida laboral, pues antes ha debido pagar sus estudios, esto si tuvo la suerte y pudo estudiar sin necesidad de crédito, de lo contrarío, los próximos 5 años serán para devolver esa plata más los intereses y, así las cosas, se aplaza la compra de vivienda. Por supuesto, contando con que el comprador tiene la cuota inicial, caso distinto, abría que sumar otro tiempo u otra obligación financiera.
Para vehículos el promedio del tiempo de pago es de 5 años y, también se encuentran ofertas en el mercado que pueden llegar hasta los 6 o 7 años. Al finalizar y habiendo cumplido con el pago, se crea otra necesidad, ya que lo pagado corresponde a un vehículo viejo y lo mejor es cambiarlo, los repuestos se vuelven más caros y el mantenimiento oneroso, el seguro cuesta mucho más por el modelo viejo y ya no luce igual, entonces lo ideal es iniciar un nuevo crédito para mejorar, al fin y al cabo, si se pagó una vez, se paga otra más.
Y que decir de los créditos de consumo, los que permiten la compra de otros elementos, tecnología, electrodomésticos, ropa, perfumes y más cosas para llenar la vivienda que se debe y el seguro del carro que no se ha pagado.
Entonces te pregunto: Dime que debes y te diré que tienes.
Yo te ayudo a reorganizar tu vida económica, a reducir tus créditos y a mejorar tus tasas de interés y, de esta manera, a descubras lo que realmente tienes.
María Alejandra Silva Guevara
Abogada
Asesora en Reorganización Financiera

