
Los bancos te persiguen para que les debas y luego te persiguen porque les debes. Estas son las dos razones por las cuales te buscan y, en ambos casos, lo hacen de manera insistente.
Las metas que tienen los departamentos comerciales de las entidades financieras para colocar créditos es alta y aumenta con el paso del tiempo, esto obliga a quienes tienen este oficio a contactar a la mayor cantidad de personas para crearles necesidades y construirles una máquina de sueños de la que dependerán todo el tiempo.
Con una buena suma de dinero, entregada por un crédito, son muchas las ilusiones que se pueden satisfacer, un vehículo o su reemplazo por uno nuevo o de mejor categoría, un apartamento en mejor ubicación, o simplemente, la disponibilidad de una tarjeta con el dinero suficiente para no negarse a ningún deseo, como un viaje, una cena, una botella de vino o, como ya es habitual, el último celular que te pone al tanto con la actualidad.
El colocador del crédito, obligado por su necesidad, consigue bases de datos, teléfonos de referidos y listas de posibles clientes a quienes ubica para felicitarlos porque han sido seleccionados por su buen comportamiento y manejo del crédito y, por lo tanto, te hacen creer que eres merecedor de un beneficio exclusivo que no puedes desaprovechar, además de indicarte que se debe tomar en cierto tiempo so pena de perder y dejar pasar esa oportunidad.
El otorgante del crédito, sea una entidad financiera, una cooperativa o, incluso, una persona natural, antes de entregar el dinero ha medido la capacidad de pago del deudor para asegurar la devolución, sin embargo, siempre existe el riesgo de la falta de pago por múltiples razones.
Realizado el riesgo del incumplimiento, el acreedor comienza una tarea, por demás legítima, para recuperar su dinero a través de diversas maniobras, donde primero intenta un cobro directo, luego uno prejurídico y, por último, el judicial.
Aquí lo que denominamos persecución para el cobro, la llamada de todos los días, el mensaje de texto en el celular, el correo electrónico y, lo peor de todo, las llamadas a los contactos que se indicaron en la solicitud. Ante el fracaso de este cobro directo, se pasa a la oficina jurídica para que los abogados inicien su trabajo y, otorgando una oportunidad insisten en el cobro.
Al no prosperar este, sigue el temido proceso judicial por medio del cual se ejecuta al deudor en busca de la satisfacción del pago.
Así son las dos persecuciones, la primera para que tomes un crédito y, la segunda, para que pagues el crédito que no has podido cumplir.
Si te están persiguiendo porque no puedes cumplir con el pago de tus obligaciones, yo te puedo asesorar para lograr un acuerdo con tus acreedores y reorganizar tus pasivos según los supone la Ley de Insolvencia Económica De Personas Naturales No Comerciantes.
María Alejandra Silva Guevara
Abogada experta en reorganización de pasivos
